Confiá en vos misma

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Por Melina del Castillo.

Mujer, si te diera tan solo un minuto para conocer mi historia sabrías que jamás fui segura. Nunca pude jactarme de sentirme confiada y mucho menos libre de ser quien quisiera ser.

Sin embargo, en toda vida llega un momento de quiebre que te hace notar que si vos no te movés por lo que querés, nadie va a hacerlo.

Lo sé, da miedo, y mucho. Da pánico lanzarse a un mundo con posibilidades infinitas, paraliza. Pero si vos no te animás, nadie va a llegar con tu vida resuelta y con moño.

Entonces, con toda la vergüenza y timidez que me caracterizan puedo decirte que con -mucho mucho mucho- esfuerzo empecé a buscar distintas formas que me acercaran a mi meta. ¿Cuál era? Entrar a una agencia a trabajar como redactora.

Era un sueño bastante posible en aquel entonces si se lo compara con quienes tienen como deseos convertirse en artistas reconocidos o quienes buscan encontrar la cura de las miles de enfermedades terminales que siguen existiendo; es decir, lo mío era algo “alcanzable” en términos profesionales.

Al empezar la búsqueda me di cuenta de que era mucho más difícil de lo que creía. Muchas compañeras de la facultad tenían como meta ser Cuentas o Medios, y yo quedaría sola entre el mundo de hombres que son las clases optativas de creatividad -por suerte después se sumaron algunas amigas-. Clase a clase me esforcé para dar lo mejor, hasta que tuve la suerte de ganarme el reconocimiento de profesores más que excelentes que me incentivaron a seguir haciendo y generando nuevas ideas.

En fin, yo seguía desconfiando de mí y de los que me rodeaban. Desconfiaba de mis capacidades y de las intenciones y créditos de mis compañeros.

A todo esto: no quiero que se malinterprete mi forma de hablar en pasado, ya que sigo desconfiando de muchas cosas, pero ahora son más de esos momentos de duda que todo ser humano debería tener para evitar mandarse cagadas.

Para llegar a la agencia en la que estoy cómoda tuve que pasar por miles de entrevistas de trabajos completamente embolantes y de agencias que no me iban a tomar por mi edad y falta de experiencia; tuve que trabajar como backoffice en un call center y también bancarme de jefe a un misógino que poco y nada sabía de publicidad -aunque se había puesto una agencia-.

¿A dónde quiero llegar con esto? A que el camino es mucho más que arduo -es insufrible si no tenés contactos-, pero la confianza se fue dando sola a medida que me animé a mostrarme y a mostrar lo que hacía. Muchas ideas fueron pésimas y descartadas por casi todos los profesores -y con mucha razón-. Pero aprendí -algo que me costó mucho- a filtrar las críticas y a poder sacar lo bueno de cada una de ellas. Así se crece: filtrando, haciendo a un lado lo que no sirve, evitando enroscarse en estupideces que opina la gente que no suma, apostando más por una misma y las capacidades que una siente tener. Y con esto último claramente no me refiero a volverse alguien arrogante y pretenciosa, sino a empezar a tener la certeza de que si elegiste esta profesión o este rubro es por algo; algo dentro tuyo te impulsa a este mundo y tenés que hacerle caso.

Como dije, de a poco la confianza se dio sola. Aprendí que no es necesaria para lograr algo, sino que hay que juntar valor para demostrarle al mundo todo eso que nos da desconfianza, y una vez que caés en la idea de que el mundo te va a aceptar con tus inseguridades y todo, empezás a construir la confianza en vos misma.

Al fin y al cabo, todos tenemos conflictos internos, inseguridades y desconfianzas -cada cual con sus dramas y grados, pero conflictos al fin-. Simplemente algunos exteriorizamos y nos hundimos más en nuestra desconfianza que otros.

Yo sigo teniendo miedos, racionales e irracionales, y muy a menudo me atormentan las crisis que enfrenta todo publicitario: el miedo a la hoja en blanco y a la cabeza vacía, los miedos a que nada salga bien y que todo termine siendo un desastre que te tilde de “fracaso” para toda la vida. Pero después de encerrarme cada tanto en el baño a llorar para descargar frustraciones -literalmente-, salgo pensando: “Listo, es una mala racha, estoy estancada, trabada y me siento inútil. Pero ya se me pasará, como se me pasó otras veces”.

Hay días, meses, años, semanas, en los que uno está más vulnerable y cae en cosas que no tienen sentido, pero hay que empezar por dejarse en claro esto: “No va a ser para siempre”, y al final resulta.

Claro está que cambiar la forma de pensar de un día para el otro es imposible para cualquier ser del planeta, pero intentarlo con pequeñas acciones no te hace perder nada. Y esa confianza que generás en vos misma, quieras o no, la contagiás a colegas y a alumnas -si las tenés-; y esa es la forma de hacer que el ámbito publicitario -y el mundo también- cambie: generando confianza y unión entre mujeres, aunque sea una a la vez.

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