Los invisibles

pancheu
Por Francisco Crescimbeni.

Hoy quiero hablarles a los que recién arrancan en publicidad.
A los que empezamos hace relativamente poco.
A los que arrancaron hace más pero aún confían que pueden revolucionarla.
E, inclusive, a los que planean dedicarse a esto.

Quiero hablarnos a todos nosotros, los que estamos de este lado del mostrador.

En el mundo hay dos tipos de roles: los impuestos y los ganados.

Los impuestos son los que vienen de arriba. Los que dicen que sos creativo sustantivo, cuentas, estratega, productor, director o el naming cool de turno que te describa como foto del big mac al big mac real.

Los otros son los ganados. Nadie baja del cielo a anunciárnoslos, no aparecen en la firma de tu mail, no resaltan tu nombre en LinkedIn. Los roles ganados son los que logramos solos pero en equipo, con esfuerzo, con pasión y con mucha perseverancia. Es uno de estos roles el que nos está llamando a todos, cumplamos el rol que cumplamos, tengamos el nivel de seniority que tengamos.

En casi todas las agencias en las que laburé, siempre frente a un brief o una idea nos hacíamos la misma pregunta: “¿qué estamos comunicando con esto?”.

Ahí está nuestro rol. El de la responsabilidad en lo que estamos haciendo. El de entender el trasfondo de lo que estamos diciendo. El de ser guardianes de los mensajes que queremos llevar.

No estamos vendiendo un producto. No estamos –aunque muchos así lo crean– creando arte. Estamos, antes que nada, comunicando.

Comunicamos hacia afuera en las piezas y campañas que creamos.
Y también hacia afuera en lo que pasa adentro.
Porque al final, es parte de lo mismo.
Un brief de toallitas pensado por 4 hombres, o por mujeres que fueron entrenadas para pensar como hombres, por más disfrazado que termine, tiene un resultado que todos más o menos podemos esperar.

Estamos en el mejor momento histórico de la humanidad. Estamos hablando de millones de cosas que jamás se habían hablado. Todavía no somos conscientes de la ruptura inmensa que significó internet en la historia. Y sin embargo, seguimos escribiendo gags sobre el malhumor en el ciclo menstrual, la pasión por comprar ropa para sustituir bajones emocionales; o seguimos pensando que que se puedan embarazar es una desventaja para contratarlas.

No se trata de comunicar para mujeres. Se trata de comunicar para un mundo justo, libre de estereotipos y opresiones, que no son nuestros, pero los heredamos, y si no hacemos nada, también los estamos haciendo nuestros.

Últimamente, muchas marcas están tratando de hacer algo sobre la igualdad de género, más porque es una tendencia que porque realmente crean en eso. Pero, ¿saben qué? Podemos enojarnos, decir que son hipócritas, o podemos aprovechar nuestro rol de comunicadores para construir caballos de Troya, haciendo que su comunicación por “moda” lleve adentro una bomba que detone en el centro del machismo.

Estamos en plena era del “No puedo creer que estemos discutiendo esto”, pero tenemos dos caminos: o lo discutimos o dejamos que siga arrastrando las mismas mierdas de hace décadas.

Quizás pensás que esto es algo más grande, que no depende de vos, que no podés opinar ni menos tomar decisiones. Pero por eso, me gustaría recomendarte esto. Es un poema que Borges publicó en 1981, se llama Los justos, y dice así:

“Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo”.

Simpático, ¿no? Era bueno el pibe.
Perdón, Jorge Luis, por todo, pero me atreví a escribir mi versión, contexto 2017.

“El que piensa que el caso es más importante que la realidad,
El mágico creativo que se ríe con sus excelsos compañeros del trabajo de la agencia de enfrente,
El profesor de facultad que cree chamuyarse a sus alumnas,
El que piropea a la recepcionista,
El que idolatra la idea de su director aunque dude del mensaje,
El que tiene que pensar unos tuits para la campaña pero no comenta que le parece un enfoque retrógrado,
O simplemente, el que ve algo que no le gusta pero no se anima a levantar la mano.

Esas personas, que se ignoran –o se conocen, lo mismo da–, están haciendo que el mundo no cambie”.

Es la hora de empezar a apropiarnos de estas batallas. De ser la generación que logró romper con la idiotez publicitaria. En el mundo hay dos roles, los ganados y los impuestos. Con los primeros, podemos ser los justos. Con los segundos, vamos a ser los invisibles.

4 thoughts

  1. Excelente Francisco!!!
    Me sentí muy identificada. No nos damos cuenta la importancia que tiene un rol en nuestras vidas, todo el tiempo los estamos cumpliendo, creo que esos corresponden a los invisibles. Dejar de cumplir por el simple hecho de “cumplir para alguien”. Actualmente estoy buscando mi rol ganado y me parece fantástico y motivador todo lo que estás diciendo.
    Saludos!

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