Peggy, calmate

MajoLois
Por Majo Lois.

Durante 20 años trabajé en agencias.

Primero en Uruguay, luego en Colombia, pasé por una etapa de trabajo remoto para varios mercados pero me aburrí de calls en piyama y campera (para zafar) así que volví a una compañía y me mudé a Perú.

Hace unos años decidí salir del trabajo en relación de dependencia y esa distancia me permitió reflexionar bastante acerca de la industria, de cómo yo me desenvolví en ella y de lo muy diferente que serían las cosas si hoy volviera a estar dentro de una estructura.

Vale decir que yo no soy la misma pero tampoco la publicidad y las agencias lo son.

Una de esas reflexiones que siempre vuelve es el tema de esta nota: trabajar con otras mujeres.

Una vez, en una entrevista laboral para ingresar al mercado mexicano, mi posible jefe me preguntó “¿Y tú cómo te llevas trabajando con mujeres? Porque vas a liderar a varias”.

En ese momento no profundicé mucho en la intención de la pregunta y le debo haber dicho sin pensar demasiado que “genial” pero ahora, con otros ojos, entiendo mejor su duda.

Es que sí,  no me fue fácil trabajar con mujeres. Yo tampoco fui muy fácil de lidiar.

Muchas veces sentí que con los colegas hombres mis jefas eran mucho más comprensivas y laxas, y con las chicas del departamento no había lugar para la falla o para la otra opinión. Siendo luego yo jefa, intenté inventar mi propio estilo y no repetir lo que no me había gustado. A veces lo logré, a veces no.

Había mucha reactividad entre nosotras, mucha lucha por la última palabra y poco espacio para encontrarnos en lo que nos unía. 

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Intuyo que todas estábamos muy solas, muy desconfiadas, muy inseguras y preferíamos encerrarnos en nuestras oficinas a ser la primera en mostrarse vulnerable y pedir ayuda. O pedir perdón.

Fue recién en mis últimos años de trabajo y en esta nueva etapa con la cabeza, y más que nada con los pulmones, fuera de la industria, que me di cuenta lo mucho que disfruto hacer equipo con mujeres. Y valoro cada oportunidad para generar esa red en la que logramos balancear el ser y el hacer.

De hecho, ahora parte de mi trabajo es acompañar a otras mujeres en diversos procesos transformacionales.

¡Cómo me hubiera ayudado tener esta experiencia y esta sabiduría 10 años atrás! Pero, bueno, debieron pasar en el medio varias debacles personales, unos cuantos años de práctica meditativa y una reinvención de mi profesión.

Pero también hablar, debatir, leer, aprender de otras a partir de esta apertura de agenda de género.

Y esto último siento que es clave. Nuestra manera de relacionarnos está cambiando, nuestra forma de percibirnos, la manera en que nos encontramos con nosotras mismas y con las otras que me hacen de espejo está redefiniéndose.

Es un cambio abrupto y que siento como muy auténtico.

Hoy, creo que aquella pregunta que me hicieron en la entrevista sería completamente fuera de lugar. Y si me la hicieran, ciertamente ya no estaría interesada en trabajar para esa agencia.

 

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