Chicas superpoderosas

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Por Laura Migliaro.

Puedo recordar por lo menos una publicidad por cada etapa de mi vida. Desde aquellos avisos de televisores, donde una nena de mi edad hablaba de temas como la democracia, la verdad y el divorcio (una de las pocas que recuerdo en las que se da voz a una niña).

Luego viene una seguidilla de ejemplos nefastos: en mi pubertad, una marca de tampones te aseguraba comodidad para poder exponerte ante un grupo de varones que te iban a mirar la cola (cosa que la cámara deja muy en claro) o las de jeans y sus tomas ginecológicas. Hasta las campañas de yogures para el tránsito lento que tanto criticábamos allá por el año 2000, cuando estudiábamos publicidad y ya advertíamos el lugar relegado y fuera de tiempo que se le daba a la mujer en las publicidades. Recuerdo también en la facultad nuestro trabajo sobre Simone de Beauvoir y su libro “El otro sexo”: en ese momento soñábamos con lo que hoy de a poco está sucediendo, con que la publicidad le hable a la mujer real, no a estereotipos machistas.

Hoy me interesa más que nunca, porque soy madre de dos niñas que están expuestas a todo tipo de mensajes mediáticos -como yo en mi infancia- pero hoy en día potenciados por los medios digitales. Me encantaría que vean más hombres usando limpiadores de pisos y Barbies vestidas de Frida Kahlo o como jugadoras de fútbol. La realidad es que todavía existen mensajes como los de una marca de zapatillas dirigida a los adolescentes que ridiculiza a las mujeres, o marcas que quieren vestir a las niñas de rosa, obligarlas a entrar en talles diminutos, a que sueñen con un príncipe azul o a ser madres como único fin en sus vidas.

Por eso mi trabajo como madre y el de todas las mujeres que queremos que nuestras niñas tengan un futuro donde la igualdad sea real, es enseñarles que la última decisión la tienen ellas. Ellas eligen qué marca comprar, qué pareja tener (o no) y con qué mensaje quedarse. Sin menospreciar el obvio poder que tienen los medios para instalar lo bueno y lo malo, es bueno que ellas entiendan que nadie puede entrar en sus cabezas si ellas no lo dejan. Crecer con la conciencia de que uno de sus “súper poderes” es su pensamiento crítico, o sea su capacidad de cuestionar todos los discursos, inclusive el de sus padres, es el mejor legado que podemos dejarles a nuestras hijas.


Sobre la autora:
Publicitaria y madre blogera. Queriendo volver al ruedo. https://www.facebook.com/AventurasMellizas
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