#PalabrasDe: Rosana Stellavato

En la primera edición de #PalabrasDe del 2021, presentamos un fragmento de “Lo raro es no sentir nada”, la primera novela de Rosana Stellevato editada por Liberoamérica. Rosana es psicóloga (UBA), trabaja en el área de discapacidad mental desde hace más de 20 años y se formó como escritora en los talleres de Escritura Creativa de Natalia Rozenblum y Ana Catania. 

“Paula, la protagonista de ‘Lo raro es no sentir nada’, entra a una sala de chat para olvidar a Inés, su ex pareja, que se enamoró de otra en ese mismo lugar. En este escenario ella empieza una relación con Alicia, una mujer que tiene dos hijos y está casada con un hombre. La historia presente y la pasada se entraman en una narración intimista que nos invita a acompañarla en el vínculo con su deseo. Un deseo que por momentos ignora, evade y se le escurre”, escribe Rozenblum.

En este fragmento, nos encontramos con un mensaje íntimo que más que una confesión es una reflexión sobre los mandatos y el deseo. Una catarsis que se autopercibe como confusa, pero que, a los ojos del lector, resulta clara y evidente.

Lo raro es no sentir nada

“Es importante que sepas que cualquier cosa que intentemos no va a funcionar. Sé muy bien que debería cerrar la boca pero necesito decirlo. Y es que somos muy distintas. No te voy a negar que me resulta atractiva esa diferencia, pero no deja de ser un problema. Estás casada y tenés dos hijos adolescentes. Yo, en cambio, jamás pensé en casarme. No. En realidad, miento. Cuando era muy chica, a los nueve o diez años, sí quería casarme y hasta tener hijos. Lo decía todo el tiempo, pero no puedo recordar si era un deseo genuino o si me limitaba a responder lo que esperaban de mí. En la escuela me pasó lo mismo, acepté jugar un deporte que no me interesaba y en un puesto que me importaba menos solo para complacer a otros. Toda la vida fue así, dejándome llevar. Ahora, por ejemplo, supongo que lo que querés es una amante (porque marido ya tenés). Una amante original, claro, porque te buscás una mina, mientras seguís con tu confortable y segura vida matrimonial. Parece un reproche pero no, te aseguro que no lo digo en ese sentido. Si a mí en el fondo me ayuda responder a tu deseo, así no pienso en el mío. A ver si todavía me entero de algo para lo que aun (a pesar de mis treinta y ocho años), no estoy preparada. Te juro que a veces no tengo ni puta idea de lo que quiero. Te busqué la otra noche en el chat (bueno, todas las noches desde la única en que nos vimos), pero si me preguntás para qué, aparte de lo obvio, no sabría que decirte. Lo que sí sé es que no importa qué iniciemos, más allá del tipo de relación que decidamos tener, vamos a fracasar”.

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