Tu firma de email dice mucho más que tu cargo en la agencia

Por Alejandra (alita) Pereyra.

Hace un par de semanas me encontré con un ícono de sonido acompañando la firma en un correo que recibí trabajando en la agencia. Si hay algo que ya damos por hecho, es que en las firmas de nuestros correos laborales figura nuestro nombre y el puesto que ocupamos en la organización que trabajamos. Hace relativamente poco, esta firma standard se actualizó y empecé a ver cada vez más los pronombres preferidos en las firmas. Cuando vi el ícono nuevo, no dudé en clickear para ver de qué se trataba. ¿Será el link a un perfil de “Clubhouse”?, me pregunté.

Pero antes de resolver esa duda, arranquemos por hablar de los pronombres, desempolvemos su definición y demos el primer paso hacia entender por qué agregar este renglón a nuestra firma de email, puede generar un impacto positivo en la cultura de las compañías.

“Un pronombre es un tipo de palabra que sustituye al nombre o sustantivo en una oración. La función de los pronombres es representar a cualquier persona gramatical de la que se hable, incluidos su género (femenino, masculino o neutro) y número (singular o plural). Esto incluye personas, animales o cosas.”

Puede ser que hayamos aprendido los pronombres desde pequeños, por lo general en la escuela, y luego hayamos dejado de cuestionarnos su uso. Pero en los últimos años, y más desde el comienzo de la pandemia que hizo que el trabajo remoto se imponga y la distancia y la virtualidad nos hayan alejado de las personas con las que interactuamos, la utilización de los pronombres correctos para comunicarnos se vuelve fundamental para demostrar que respetamos las identidades de nuestros colegas y nos interesa crear un ambiente laboral inclusivo y seguro. Utilizar el pronombre que una persona eligió, transmite como mensaje “Te veo, te respeto, te acepto”. Habla de la empatía que necesitamos ejercer para romper estereotipos, recordando siempre que el género con el que una persona se identifica puede coincidir o no con su sexo biológico y con su expresión de género externa.

Así es como por lo general entre paréntesis, puede que la próxima vez que recibas un correo, al lado del nombre de la persona que te escribe leas alguna de estas combinaciones:

Ella/La – She/her

Él/Lo – He/him/his

Elle/Ellx – They/Them

Ahora bien, volviendo al iconito misterioso. Resulta que hice click y no, no era un perfil nuevo de Clubhouse creado por la agencia para sentir que estamos “en la pomada” y somos cool. Era algo mucho mejor y más importante: era un link a “Name Drop”. Un link que creó quien me escribía el email, que me dirigía a una página para que yo pudiera escuchar de su propia boca, cómo pronunciar correctamente su nombre. 

Y si te estás preguntando por qué esto me pareció TAN importante, te cuento: Tu nombre es la representación de todo tu ser, es tu identidad, es lo que te distingue de otros humanos viviendo en este planeta. ¿Entonces qué pasa cuando pronuncian mal tu nombre? Te podés sentir subestimado, podés sentir que te están faltando el respeto, podés sentir desconexión o alienación. 

En un mundo globalizado en el que el trabajo remoto nos pone en contacto con personas que están sentadas en la otra punta del mundo, las diferencias culturales salen a la luz. Un nombre que escuchás todos los días en tu país, puede ser completamente nuevo para alguien en otro hemisferio. Entonces un “Mariana” pierde su género, pierde la lógica de “es femenino porque termina en a”, se convierte en una combinación de letras que quizás alguien ni siquiera sabe cómo pronunciar ni cómo suena. Porque a vos te pasa lo mismo cuando te topás con un “Dhruv”. Ahí es cuando te das cuenta de todas las construcciones culturales que tenés en tu cabeza, quedan patas para arriba. No sabés ni cómo pronunciar el nombre, ni qué voz asociar a el. Todos los estereotipos a la basura. Lo mismo cuando te encontrás con un “Alex” y te das cuenta que es un nombre unisex. 

Nos queda mucho por delante y vamos a seguir experimentando cambios culturales profundos. El desafío es poder preguntarnos más seguido qué podemos hacer para que este mundo en el que vivimos sea cada vez más inclusivo. Yo admito que nunca me había cuestionado que con sólo agregar un rengloncito con mis pronombres y un ícono de sonido a mi firma de email, podía ayudar a lograrlo.

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