La tipografía (también) es política
Por Daniela Di Bella
¿Alguna vez te pusiste a pensar qué tipografía solés utilizar y por qué? ¿Qué te lleva a elegir una y no otra en tus presentaciones? Si tenés una agencia, ¿diseñaron los logos y eligieron las tipografías que los representan? ¿Te dijeron el porqué de esa elección? ¿Quién la diseñó, para qué fue hecha?
Toda tipografía está realizada para un propósito, en un contexto, en una época. Hay tipografías que representan momentos históricos, otras movimientos políticos, otras solo abren debates.
El Gobierno de los Estados Unidos, tratando de ir a por todo contra el wokismo, decidió cambiar la tipografía institucional ya que la “Calibri” era muy progre. Para esto decidió dar un paso atrás elogiando lo que alguna vez fue la tipografía representativa del gobierno: la Times New Roman.
Esto no es nuevo en la historia. Durante el nazismo, por ejemplo, también se manipularon las tipografías según conveniencias políticas: primero adoptaron tipografías góticas como la Fraktur por considerarlas “auténticamente alemanas”, pero luego el propio régimen las prohibió declarándolas “letras judías”, en una contradicción que demuestra cómo la política puede instrumentalizar hasta el diseño tipográfico.
No estamos hablando de los mismos hechos históricos, pero sí de dos gobiernos tomando la tipografía como excusa para no “caer” en algo que rechazan. Esto demuestra el poder que tiene la tipografía.
Pero vayamos a responder la pregunta: ¿por qué la Calibri es woke y qué tiene la Times New Roman que no tenga la Calibri?
La Calibri es woke simplemente porque es inclusiva. Fue adoptada en 2023 por recomendación de la oficina de diversidad e inclusión del Departamento de Estado específicamente para mejorar la accesibilidad para personas con dislexia o discapacidad visual. Si bien su diseñador, Lucas de Groot, la creó pensando principalmente en legibilidad en pantallas digitales, las tipografías sans-serif como Calibri son generalmente recomendadas para personas con baja visión según los estándares de accesibilidad. Además, es una tipografía lanzada en 2007 con Office y Windows Vista, lo cual la hace moderna en el diseño tipográfico contemporáneo y específicamente pensada para la era digital.
La Times New Roman, por otro lado, fue elegida por el “profesionalismo y la formalidad”, atributos que se suelen dar a las tipografías con serifas. Ambas están por defecto en todos los sistemas operativos, lo que las hace universalmente accesibles. Es también una de las tipografías más elegidas para leer textos largos impresos (pueden agarrar un libro de texto y notar que las tipografías tienen remate, seguramente).
La Times New Roman representó en su momento la modernidad de la tipografía. Nació en 1931 por pedido del diario The Times de Londres para que entren más caracteres por línea y así utilizar menos papel, diseñada específicamente para impresión. Hoy en día el diario utiliza otra tipografía porque, como todo, se actualiza, se moderniza, hay tipografías mejores que cumplirían esa función.
Pero como reza este título, la tipografía es política, y este debate demuestra que hasta las formas de las letras pueden convertirse en campo de batalla ideológica. Este debate deja en evidencia algo más profundo que una simple elección tipográfica. Lo que está en juego no es si una letra es más linda o más legible, sino qué valores se deciden priorizar.
Tradición versus inclusión. Canon versus accesibilidad. Lo conocido frente a lo que propone adaptarse a más personas.
Cuando una tipografía se rechaza por ser “demasiado moderna” o “demasiado inclusiva”, lo que incomoda no es su forma, sino el mensaje que carga. Por eso la tipografía es política: porque incluso en las decisiones más pequeñas del diseño se ponen en juego los sentidos.

Daniela Di Bella
Diseñadora gráfica y Directora de Arte freelance.
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