El brief interminable

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Por Mariana Bua.

Hace casi ocho años que no trabajo en una agencia de publicidad tradicional, y la verdad que no extraño mucho. Hace casi ocho años que trabajo en comunicación pública, “para el gobierno”. Primero el de la Ciudad de Buenos Aires, ahora Presidencia. En una estructura bastante parecida a una agencia inhouse.

Hace casi ocho años que se me mezclan los briefs de comunicación con los briefs de gestión, irremediable y hermosamente. Todo tema que entra es una oportunidad no sólo de comunicarlo sino de entender cómo mejorarlo, potenciarlo. Preguntarse cada vez “¿Estamos haciendo bien las cosas? ¿Podemos hacer crecer este proyecto? ¿Y si lo juntamos con aquel programa que tenía ese ministerio y lo ampliamos? ¿Queremos salir a contar esto si no estamos haciendo esto y esto?” y así.

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Ilustración: Christoph Niemann.

Es como si tuvieras que hacer una campaña de jugo en polvo, y también tuvieras que ver si la fábrica lo hace bien, si le saca la sed a la gente, si la relación costo-beneficio-calidad es la mejor que podés armar, si no habrá otra fábrica de la misma empresa que hace vasos y que podrían ponerse de acuerdo y hacer un combo más accesible que llegue a más gente… todo eso recién antes de ponerte con la campaña. Es increíble y emocionante y también es muy desgastante, porque el trabajo ni empieza ni termina en lo creativo, en la campaña: el trabajo sigue en el hecho, en el proyecto que continúa, en seguir abonando con ideas todo lo que pueda mejorarle la vida a la gente. Agotador, sí, pero también un desafío increíble. Poner el pecho donde pusiste la boca, siempre.

Hace poco entró un brief, muy tentativo y muy abarcativo, de “igualdad de género”. Fuá. No “vacunación”, no “cuidado con la pirotecnia”… no. “Igualdad de género”. En el equipo que lo trabajamos somos sólo dos mujeres (la planner y yo, la redactora), y cuatro hombres que van rotando, soltando y agarrando el tema, y que van entendiendo algunas cosas cada vez que nos reunimos a pelotear. La buena noticia es que no estamos tan mal a nivel mundial (comparados con África o Atlántida), la mala noticia es que la igualdad de género es un destino al que se llega recorriendo cientos de caminos en paralelo, acompañando a muchísimas personas.

Obvio que todavía no lo desculamos ni lo descularemos pronto (es tan vasto que me abruma desde la reunión de brief), pero en el proceso de ponernos a prueba con el tema, aprendí bastante y se me revelaron algunas cosas:

  1. Que era feminista sin darme cuenta. Y de que mañana puedo ser mucho más feminista de lo que soy hoy. De que el feminismo, como el tango, nos espera a todos, sin importar cuándo lleguemos. Y que ser feminista no es ser una pesada que todo el tiempo marca problemas, o que habla siempre de lo mismo, o que no se depila (¿?): es cuestionar todo el tiempo si lo que vivimos y cómo vivimos es justo para todos los que vivimos y actuar sobre ello. Y que la caída del velo, la levantada de la campana de cristal en la que estamos viviendo todos, es liberadora. Todo a tu alrededor, lo empezás a ver con otros ojos. Las desigualdades más pequeñas resplandecen delante tuyo, las injusticias saltan a la vista como fuegos artificiales, los mandatos tan cómodos y metidos debajo de la piel empiezan a picar y a quedarte chicos. Y ahí viene la segunda revelación.
  2. Que cuando entendés que estamos todos en el mismo sistema tremendo, la culpa de la desigualdad no es de nadie, pero la obligación de desarticularla es de todos. Gobierno primero, sí, pero sociedad entera en la misma sintonía. Honestamente no creo que los hombres tengan la culpa del patriarcado. Los privilegios son invisibles para aquellos que los tienen, por eso quizás no entienden que exijamos respeto, o que demandemos justicia, o que imploremos que no nos maltraten, peguen, violen o maten. Porque no les pasa nunca, porque no lo ven. Porque los criaron (los criamos) para que sepan que el mundo es suyo, que la cosa es así, que si quieren, pueden lo que sea (sí, hasta tratar a la mitad del mundo como humanos secundarios). Les (nos) seguimos poniendo las orejeras. Lo que me lleva a una tercera revelación.
  3. En la era de la información, hay una oportunidad de hacer unas maniobras de aikido mental y usar la conexión, la ubicuidad, la inmediatez y sobre todo la casi ilimitada corrección política y la condena social semiautomática como herramientas para un cambio cultural. Si cada vez es menos “es un piropo, cosita, no te podés ofender” y cada vez más “esto es acoso callejero, te voy a denunciar”; si cada vez es menos “no llores como una nena, hacete hombre” y cada vez más “¿Qué sentís? ¿Estás triste? ¿Por qué?”; si cada vez es menos “cada pareja es un mundo, yo no me meto” y cada vez más “¿Estás segura de que estás bien? ¿Te respetan? ¿Te cuidan?”; si cada vez es menos “¿Qué, no te vas a casar ni tener hijos nunca? ¿Por qué?” y cada vez más “¿Cuáles son tus sueños, tus maneras, qué te apasiona, qué te entusiasma?”; si cada vez es menos “no te voy a contratar, en cualquier momento quedás embarazada y me dejás a gamba” y cada vez más “tu hijo ya tiene un lugar en la guardería y vos en el lactario, tu trabajo es importante pero tu familia es fundamental, disfruten la licencia como les parezca”; si cada vez es menos “vemos un ama de casa esperando que Sr. Músculo venga a rescatarla de la suciedad avasallante antes de que vuelva su marido” y cada vez más “vemos una casa limpia porque toda la familia colabora por igual” ya vamos a estar cambiando la corriente. Saliendo de la zona de confort. Ejercitando el fláccido músculo de la empatía. Cuando te ponés en el lugar del otro, los acompañados somos dos.

Ta, pero esto es “Publicitarias”, ¿no te fuiste un poco de tema con todo lo anterior, Mariana? No. Porque llegar a la igualdad de género no depende sólo de políticas públicas o de más leyes. Depende de que todos, seamos quienes seamos y estemos donde estemos, cambiemos el chip, actualicemos el software, o hasta migremos de sistema operativo.

Porque la campaña de igualdad de género no va a ser un spot de tele y una radio, ni siquiera una gran campaña digital o un hashtag picante. La campaña de igualdad de género somos cada uno de nosotros, acompañándonos en esos cientos de caminos paralelos con el norte compartido que nos lleve a todos a las mismas oportunidades y derechos sin importar qué género hayamos elegido ser.

Les dejo una lista de videos y charlas que me flashearon bastante y les pido (sí, leyeron hasta acá y encima les pido cosas, soy una densa marca Patito) que me cuenten sus opiniones, sus puntos de vista, que compartan más material si les parece interesante. Que me corrijan, que me ayuden a entender más. Que charlemos.

Para mi hija

Mujeres, no objetos

La mayor injusticia de nuestro siglo

Enseñémosles a nuestras chicas valentía, no perfección

Por qué la igualdad de género es buena para todos – hombres incluidos

 Un llamado a los hombres

Cómo las películas enseñan la masculinidad

La violencia contra las mujeres es un problema de los hombres

Miss representation (trailer)

The mask you live in (trailer)

5 thoughts

  1. No podemos responsabilizar a las mujeres que “los criaron” a los hombres, porque son mujeres que fueron oprimidas por varones. El sistema patriarcal no es culpa sino responsabilidad y ejercicio en primera instancia del hombre y luego de las demás identidades a las que impregna con esto.
    Pero en serio, pensar que las mujeres crían hombres así, de la nada, es negar la historia de dónde viene esto.

    Seamos responsables al momento de pensar, repensar y comunicar. Ver un caso y no el macro es peligroso al momento de sacar conclusiones.

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    1. En ningún momento digo que es culpa de la crianza de las mujeres. Digo que es culpa de cómo criamos (todos, como sociedad) a nuestros hijos, y especialmente a nuestros varones, que son los que en última instancia continúan con el sistema patriarcal. De hecho en el mismo lugar digo que la culpa no es del hombre, es de todos. Si en cada hogar todos intentamos crear una crianza más feminista que tenga en cuenta las desigualdades y actúe sobre ellas desde que tenemos hijos, esa conciencia los va a acompañar durante toda su vida y de a poco, como todo, vamos a ir dejando de escribir la misma historia machista que venimos padeciendo hace añares. Gracias por el comentario, es cierto que no hay que simplificar, todo es aprendizaje. Abrazo!

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