Proceder con curiosidad

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Por Aixa Rizzo.

Hace algunos años me di cuenta de que la comunicación es algo muy poderoso, después de una experiencia que me marcó. Un grupo de hombres trabajaba arreglando el tendido eléctrico en la puerta de mi casa y cada vez que salía me acosaban verbalmente. Un mediodía, cinco de ellos me arrinconaron e intentaron abusar de mí. Me defendí usando gas pimienta y salí corriendo. La solución lógica era hacer la denuncia. Lo que no fue muy lógico, fue la respuesta de la policía: según ellos, no me tendría que haber defendido porque podría haber sido peor. No me tomaron la denuncia. Como no me habían violado, no existía figura legal que me amparara. Pero lo que a mí me había pasado tenía un nombre.

No sé qué se me pasó por la cabeza, mi mamá dice que fue un impulso millennial. Agarré el celular, filmé un video contando todo y lo subí a Facebook con el título “del piropo a la violación”. Era feriado. El video se empezó a compartir, así que hice un canal y lo subí también a YouTube.

 

En poco tiempo tenía muchos views, pero muchos. Empecé la semana con productores de televisión llamándome para dar notas. Salí en todos los noticieros argentinos y hasta en la CNN y la BBC. No lo podía creer.

Nunca supe qué hacer con eso que había generado. Iba a grabar en modo avión, para que quedara claro que lo que me pasó se llama acoso sexual callejero pero intentando no largarme a llorar.

Recibí amenazas, insultos, perdí muchos amigos y hasta me arrepentí de haberlo contado. Pero también recibí mucho apoyo y hoy puedo decir que se aprobó una Ley contra el Acoso Sexual Callejero en la Ciudad que nació a partir de mi impulso.

Cuando volví a la facultad, un profesor de marketing mostró el video y nos preguntó por qué pensábamos que había funcionado. Nunca entendí por qué pegó, pero necesitaba esa respuesta.

Me cambié de carrera y me metí en una escuela de creativos, que invita a pensar fuera de la caja. Pero lamentablemente esa caja está apoyada en un mundo donde los hombres tienen privilegios. Y donde solo tuve un 25% de profesoras mujeres.

En la escuela la situación es algo confusa. Hablar de feminismo genera una sensación de desconcierto e incomodidad similar a la que sentí cuando me contaron que por ser mujer iba a tener menos posibilidades de trabajo o me iba a tener que conformar con una cuenta de toallitas. Aun así, sabemos que “ni una menos” es un tema que afecta a la creatividad. Lo dejo en palabras de un profesor: “¿Bueno, ven esta publicidad? Está buenísima pero hoy no se podría hacer”.

Si nos tratan diferente, no nos incluyen. Si pensamos que una pieza que muestra a dos chicas besándose es polémica, es porque no hay diversidad. En el mismo aula donde nos cuentan cómo una marca rompió estereotipos y se la jugó incluyendo a personas negras en sus avisos, tratan a la desigualdad de género como un Boca-River que se puede callar con un par de chistes.

Estudio en un contexto donde a nadie se le ocurriría usar la dirección de arte de hace treinta años, pero seguimos usando los insights de ese momento.

Si ya es bastante difícil armar una carpeta con lo que te enseñan, mucho más es intentar decir algo distinto sin saber cómo. Si en un espacio donde se supone que podés flashearla tenés miedo de quedar como una feminazi, difícilmente el futuro sea más inclusivo. Hablando del futuro, nos dicen que ahora ya no alcanza con saber conceptualizar; que tenemos que saber hacer casos, resolver problemas para que las marcas hagan algo de bien público. Pero no hagas nada con lo mal que la está pasando la mitad de la sociedad porque queda feo. Sé muy poco sobre publicidad, pero estoy segura de que ese no es el camino. Me gusta más pensar que hablar de cáncer de mama y censura de pezones es algo que sí puede ganar Cannes.

También me gustaría no tener que pensar que, si mi género fuera otro, entrar a una agencia sería más fácil. O que si entro y me quedo clavada hasta tarde voy a tener que tomarme un taxi y mandarle el número de patente a una amiga por si termina siendo un violador. Me gustaría no tener que googlear si hay mujeres DGC o jurado. Le tengo mucho miedo a esta industria, pero el miedo más grande que sentí me llevó a generar contenido para hacerme escuchar. Espero poder proceder con curiosidad y hacer lo mismo como publicitaria.

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