Pussy Riot: La música como vía de protesta

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Por Melina del Castillo.

Pussy Riot no es una banda más que solo se dedica a dar recitales. Pussy Riot es un colectivo punk feminista performático que lleva el arte a los más altos niveles de protesta.

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Pussy Riot en Niceto Club.

Saltaron a la fama en febrero del 2012 cuando Nadezhda (Nadya) Tolokónnikova, Yekaterina Samutsévich y María Aliójina fueron detenidas tras entrar a la Catedral de Cristo Salvador en Moscú, hacer una reverencia y empezar un concierto de repulsión frente a la candidatura de reelección de Vladimir Putin. La performance, que duró tan solo 40 segundos, le bastó al gobierno ruso para sentenciarlas a dos años de prisión.

Lo irónico es que en diciembre de 2013 fueron liberadas por una amnistía impulsada por el propio Putin, que proponía descarcelar a 25.000 reclusos, entre los cuales se encontraba el grupo. Sobre esta medida, Nadya opina que fue solo para quedar bien frente a los occidentales, ya que en el febrero próximo (2014) se celebrarían los Juegos Olímpicos de Sochi.

El grupo volvió a hacerse presente durante la final del Mundial de Fútbol 2018, cuando invadieron la cancha mientras Francia y Croacia competían por la copa.

Hasta acá un poco de historia. Ahora, ¿qué pasó el domingo 14 en Niceto y por qué es tan importante la presencia de un grupo de rusas en Argentina? Bueno, seguí leyendo.

Me armé una playlist, me puse los auriculares y me subí al bondi. Viajé unos 30 minutos y caminé unas cuantas cuadras mientras seguía enchufada a Spotify. Cuando llegué a Niceto no había fila. Chequeé la hora porque me pareció raro, siempre suelen atrasarse estas cosas y termino llegando con tiempo de sobra. Pero esta vez no.

Entré al lugar para encontrar que en el escenario se estaba llevando a cabo un panel (“La Protesta Amenazada”) en el que Nadya, Daniel Sandoval -docente villero-, la periodista Florencia Alcaraz y Paula Litvachky -directora del Área de Justicia y Seguridad del Centro de Estudios Legales y Sociales-, hablaron de punk, política, género, feminismo y el derecho a la protesta.

“La gente que es más abierta es ridiculizada por la policía y las instituciones” dijo Nadya, refiriéndose a periodistas u otras personalidades que en medios masivos defienden el movimiento feminista o LGBTIQ+ en Rusia, ya que, como se sabe, quienes se identifican con cualquiera de estas banderas son perseguidxs, arrestadxs y torturadxs debido al peso que tiene la Iglesia Católica en el país. “El pueblo ruso merece algo mucho mejor que lo que les está pasando”, agregó.

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Nadya Tolokónnikova durante el panel La Protesta Amenazada.

La entrevista concluyó con una reflexión de Daniel Sandoval sobre la explosión de movimientos feministas en el mundo: “La gente en todo el mundo tiene ganas de cambiar las cosas. Y eso confirma mi convicción de que el cambio tiene que ser a nivel internacional”.

Todxs bajaron del escenario después de sacarse fotos levantando sus pañuelos verdes. Se hizo una pausa, y música electrónica llenó el ambiente para marcar que empezaba la espera.

Después de unos 20 minutos, se preparó la escena para recibir a Naomi Preizler, ex modelo que se hartó de la industria de la moda y decidió dedicarse a la música.

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Naomi Preizler junto a sus bailarinas.

El show empezó un poco complicado, para ser honesta. Desde que se escucharon los primeros beats tuvieron problemas técnicos, que solucionaron después de tres intentos.

Al grito de “Soy lo que ven, soy lo que quiero ser” y después de presentar su historia, Naomi, junto a sus bailarinas Vera y Rosa, se movió arriba del escenario con total soltura, llena de amor, glitter, trap y pop. “Gracias Pussy Riot por visitarnos”, dijo. “Estoy muy feliz de abrir para ellas”, agregó antes de despedirse.

Otra vez subieron las luces y el volumen de la música, pero esta vez cerraron las cortinas. Yo estaba cerca del escenario, por lo que llegaba a ver muchos pies moverse de un lado al otro. Todxs nos estábamos preparando para recibir a Pussy Riot.

Muchas planeaban cómo iban a saltar las vallas, algunas se pusieron sus pasamontañas, otras se llenaron de brillos, y juntxs cantamos a los gritos el ya clásico: “aborto legal, en el hospital”.

Se sentía la sororidad entre el público, se podía respirar el mismo aire a deseo de revolución que se siente en las multitudinarias marchas de Plaza de Mayo al Congreso. Se leían carteles y banderas con cientos de consignas, se escuchaban charlas de izquierda y gritos con pedidos de libertad. Era un clima de protesta. Estábamos todxs listxs para la performance.

Se abrió el telón y ahí estaban, firmes como siempre, las integrantes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, pidiéndonos a todas que una vez más levantáramos nuestros pañuelos y siguiéramos luchando porque el 28 de mayo se presentará el nuevo proyecto de ley en el Congreso. “Levantamos los pañuelos porque somos #NiñasNoMadres. Levantamos los pañuelos porque es mi cuerpo y mi decisión. ¡Levantamos los pañuelos porque se va a caer!”, gritaron. Y la sensación fue realmente inexplicable. Se me pone la piel de gallina de pensarlo.

Llegó el momento. El escenario se llenó de estática, radiación, signos de peligro y rabia. En cuanto las Pussy Riot se pararon mirándonos de frente, todxs sabíamos que lo que seguía iba a ser una locura.

Tema tras tema repasaron su historia, su paso por la cárcel, su lucha, las prohibiciones a las que el pueblo ruso es sometido, la importancia de protestar y de decir que no estamos de acuerdo con lo establecido. Todo, todo, todo, no dejaron nada afuera.

A Organs -y estrellas de fondo- le siguieron 5 minutos de un discurso que enumeró a todas y cada una de las víctimas y causas por las que se mueve esta ola en América Latina y en el mundo. Ningún nombre ni consigna quedó afuera. Porque tenemos que tener siempre algo en claro: no somos nada sin memoria. Ninguna lucha al final vive si no es por una causa. El feminismo no es una idea más, es un movimiento imparable que crece día a día, y tenemos que llevar bien presente el porqué.

Esto siguió hasta que el recital se hizo de una hora y media (tiempo que pasó volando), y cuando después de tocar Straight Outta Vagina parecían despedirse, volvieron para terminar la noche con una mezcla de sonidos electrónicos y juegos de luces epilépticas que me dejaron fascinada.

En conclusión, las Pussy Riot nos regalaron una noche atípica, con un nivel de performance que pocas veces se ve arriba de un escenario. Y el mensaje nos quedó clarísimo: no esperes sentadx a que alguien te traiga tus derechos, levantate y peleá por ellos. Y esa es la verdadera esencia del punk.

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