Malén Denis: “A una mujer era muy fácil negarle el valor de su obra literaria”

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Por Lucila Lopardo.

En 2019, Malén Denis sacó su cuarto libro y su primera novela, Litio, publicada por Concreto Editorial. También dejó su vida en Buenos Aires, que entre otras (y varias) actividades incluía un programa matinal en Futurock, y se fue a vivir en Nueva York. A semanas de su publicación y después del boom de la Feria del Libro, Litio no se consigue.

En la web de Concreto figura sin stock y queda el trabajo de recorrer librerías o chequear historias de Instagram en las que sus seguidorxs descubren una edición. También se puede ver cómo los lectorxs comparten fragmentos del libro y aseguran que Malén pone en palabras lo que ellos no pueden.

Le escribimos a Malén para que nos acompañara en nuestra nueva sección #PalabrasDe y no solo se copó en compartirnos un texto inédito, sino que pudimos hablar de todo: de perderle el miedo a los procesos largos y ganar la batalla contra la instantaneidad, de cómo se acomoda a su nueva vida y de cómo mucho de esto implicó autopercibirse como es: una mujer morocha y latina que sufre alopecia.

También hablamos de cómo, gracias al movimiento feminista, las mujeres ganan espacios perdidos. Del rol de las redes sociales, de la imposibilidad económica de dedicarse full time a la escritura, del uso del lenguaje inclusivo y del proceso creativo y de cómo la vida académica impulsó (o no) su manera de expresar y ver el mundo. Al final, una autora recomendada por Malén.

Este año te mudaste a Nueva York y lanzaste tu primera novela: Litio. Lejos de los facilismos, confesaste que te llevó cuatro años de trabajo ¿Por qué? ¿Cómo definirías tu proceso de trabajo creativo?

Escribir me cuesta muchísimo y no me parece un proceso creativo sino más bien un oficio: cortar, volver a pegar, pulir. Yo no tengo grandes ideas, no tengo una idea y sé a dónde va a ir una historia, tengo sensaciones e imágenes y después edito muchísimo. Mi creatividad pasa más por cómo vivo mi vida diaria que con lo que hago en mi literatura, intento darles vueltas inesperadas a las cosas, vivir de una manera feliz sin que me falte nada, para eso tengo que ser creativa y me sirve ser una persona que hace un proceso creativo.

Escribir en sí mismo como actividad me es más mecánica, es sentarme durante horas a encontrar dónde cortar una frase. No hay un porqué me llevó 4 años de trabajo sino una realidad: me llevó tiempo editar, madurar la historia en mi mente, yendo más atrás, me llevó al menos un año en darme cuenta de que lo que estaba escribiendo era una novela y hacia dónde iba a ir la trama inicial. Después están las condiciones materiales, yo no vivo de escribir libros, tengo otros trabajos, siempre los tuve, parte de los 4 años que me llevó escribir Litio, fueron también porque no disponía full time para dedicarme a trabajar la novela. Debe ser distinto no tener que trabajar de 100 otras cosas además de escribir, pero no es mi caso.

De todas formas, y aunque creo que nuestro trabajo debe ser pago y que hay que cortarla con el concepto de “por amor al arte”, también creo que no hay que tenerle miedo a los procesos largos, estamos en un momento muy instantáneo donde queremos todo ya, algunas cosas no tienen la velocidad de un like.

¿Cómo es vivir en Nueva York? ¿Qué le aporta a tu trabajo? ¿Cuál es el lado B de emigrar?

Vivir en New York es ver mucho. Ver mucha disparidad, mucho exceso, muchas formas de cuerpos, muchos estilos, es mucha información. Me gusta la sensación constante de estar en uno de esos micros de MTV donde mucho color mucho ritmo pero que no se entiende nada, me encantaba esa televisión. Algo de esa búsqueda siempre estuvo en mí y creo que por algo me llevé a un lugar donde puedo vivir en ese collage constantemente.

Algunas cosas cambiaron muy rápidamente: me autopercibo latina, cuando antes no me detenía a pensarlo o me consideraba argentina como si eso fuera distinto o superior, no es algo que fuera consciente simplemente algo que estaba ahí. También me autopercibo no-blanca cuando si bien es algo que me angustiaba, porque en Argentina tenés la piel “oscura” y la gente agarra la cartera cuando pasás cerca, no era cien por ciento consciente de la invisibilización a la segregación por color de piel que existe en nuestro país. Me amigué con sufrir alopecia porque veo muchas mujeres llevarlo con mucha actitud, veo a muchas mujeres llevarlo con mucha actitud. En Argentina tenía atrofiada la relación con mi cuerpo, me amigué bastante porque veo personas de todos los tamaños y consigo talles. Allá por morocha, por no ser talle xxxxxS no lograba sentirme linda

En una entrevista con La Primera Piedra dijiste que “antes de la visibilización del feminismo tu obra fue leída para la mierda” ¿Por qué? ¿Qué puede pasar con Litio en este sentido?

Cuando empecé a escribir la mayoría de las personas que manejaban las editoriales, incluso las pequeñas -como por la que salió mi primer libro-, eran varones. En más de una ocasión se me atacó por escribir desde ciertos lugares íntimos o por escribir con ciertos modismos de Internet o muy propios de un nicho, como hablar de bandas, fanzines, citar bandas del indie, etc.

Como yo era mujer se atacó mi obra como si careciera de calidad, como si fuera un accidente, como si los temas de los que hablaba no fueran políticos. Las personas que me criticaban en su mayoría eran varones y le atribuían el hecho de que mis poemas estuvieran gustando a que me había cogido a algún editor, que yo era simpática, o que eran fáciles de leer. A una mujer en ese momento era muy fácil negarle el valor de su obra literaria, la politicidad de lo que denunciaba en sus textos porque la mayoría de las personas en posición de poder eran varones.

Hoy por hoy la cosa es distinta y hemos vuelto a hacer bandera popular el “lo personal es político”, hoy por hoy hay editoriales como Concreto (editorial que editó Litio) que está compuesta íntegramente por mujeres. Estamos recuperando espacios históricamente perdidos. No sé qué puede pasar, pero si alguien me viene a decir que mi literatura le parece una mierda que no me diga que es porque es fácil de leer porque eso es elitismo y tiene que ver con que quieren la literatura para unos pocos (varones, probablemente).

Leímos que hiciste una maestría en escritura creativa ¿Cómo influyó en tu trabajo? ¿Cómo fue o sigue siendo, en tu caso, la relación entre la escritura y la formación?

La maestría que hice fue bastante despareja pero ante todo lo mejor fueron los amigos que me quedaron a quienes admiro muchísimo: Romina Zanellato, Katya Adaui, Mercedes Halfon, Ana Joulí, Santiago Batezzati… Tuvimos profesores buenísimos, profesores con cero vocación docente y ante todo una dirección general bastante poco pedagógica y cero experimental. A mí, para que te des una idea, me dijeron que mi novela no servía y me preguntaron en mi día de defensa si yo leía libros. No pienso tolerar que nadie me destrate de esa manera: acusar de que una autora que no te gusta como escribe no lee es pensar que hay solo una manera de leer y de escribir.

Esa visión jerarquizante, canónica, tiene mucho que ver con las formas del patriarcado, la autoridad vertical, el camino único normativo. Te imaginas que una dirección de maestría que aplica un correctivo de ese modo a lo que no comprende del todo no tiene mucho esa calidad de “creativa”, yo fui buscando otra cosa y me llevé un dolor muy grande. A mí, en términos generales, no me interesa nada que se base en binarismos “esto sí es literatura/ esto otro no y caca”, como sociedad estamos entendiendo que las dicotomías excluyentes son un modo de disciplinar, y si bien hay cosas que me gustan menos que otras nunca me vas a encontrar diciéndole a alguien que lo que hace no es literatura, QUIEN MIERDA SOY PARA EMPEZAR… Pero además es negar que estamos en la era de cada cual como su propio canal, en la era de todos protagonistas, les molestará a los que querían tener el micrófono para ellos para siempre, dolerá en el ego de todos y cada uno, pero es bellísimo ver cómo se democratizan los espacios y cómo los textos van ganando el lugar que la gente les va otorgando, así eso signifique que a veces festejen textos que a mí no me interesan, bueno, es así…

Respecto de la formación yo me sigo formando en la lectura y en el consumo de artes en general de modo constante, la fuente más grande de ideas viene de sacar fotos (hago fotos con cámara descartable, inspirada por Violeta Capasso con quien di taller en Eterna Cadencia), en el cine, la música, los viajes en tren. En la teoría siempre estoy buscando algo que me rompa la mente o el corazón, y con la academia tengo amor y odio y estoy pensando en aplicar a un doctorado próximamente, todos los años tengo la misma idea.

¿Qué rol tienen para vos hoy el uso  las redes sociales (tanto a nivel personal, como colectivo)?

Un poco lo contesté en la pregunta anterior. Yo creo que todxs somos canal y que si hacemos las cosas con compromiso y responsabilidad podemos llegar a conectarnos muchísimo con las personas. Tenemos una plataforma, es una oportunidad creativa, política, pero también filantrópica. Creo que debemos ser conscientes de que el personaje online es una creación como cualquier otra, que hay edición, que mostramos lo que queremos y cómo queremos, creo que tener eso en cuenta puede hacer que tengamos menos ansiedad y nos tengamos más paciencia. Sobre todo creo que hay que recordar que a pesar de todas las capas que nos separan del otro en el caso de las redes, al final hay una persona, a veces la gente dice cualquier cosa sin pensar que hay alguien ahí, eso es tremendo, cómo perdemos el tacto porque no tenemos a la persona en carne y hueso ahí, es espeluznante.

Como escritora ¿Cuál es tu postura con respecto al lenguaje inclusivo? ¿Cómo lo utilizas?

El fundamentalismo que lleva a algunas personas a NEGARSE al lenguaje inclusivo me parece lo más estúpido que he visto. Gente rasgándose las vestiduras, eh. Totalmente a favor estoy, pero porque además, qué clase de idiota se niega a la existencia de algo que ya existe. Las modificaciones en la lengua nacen por necesidad y abandonar la supremacía del varón, que la universalidad sea el varón y que lo no varón sea anomalía o particularidad se tiene que acabar y se va a acabar por la fuerza. Que cada une lo incorpore como pueda, a mí me sale por partes, no me sale en todas las frases, a veces me confundo y me parece lindo! Para mí está buenísimo lo que está pasando, aprendo de les más jóvenes en esto.

Estamos en un momento clave y de inflexión para el movimiento feminista en la Argentina ¿Cómo te posicionas en este momento como una escritora contemporánea? ¿Te planteaste alguna vez tu rol o posición en este sentido?

Soy escritora, soy feminista y escribo en el presente. Me lo tomo con responsabilidad. En el fondo siento que siempre escribí para este momento, me sentía muy sola antes y ahora es verdad que estamos juntas.

Después de un principio de año intenso ¿Cómo sigue tu 2019?

Estoy laburando en mi segunda novela que se llama “Las facultades” y produciendo un podcast con Pepita Sandwich. Se vienen muchas cosas, se viene un libro de no ficción sobre heroínas de la TV y las películas, y se viene también uno sobre las comedias románticas. Estoy produciendo lentamente un disco y escribiendo una serie con mi marido, estoy acomodándome lentamente a mi nueva vida.

LIBRO Y AUTORA RECOMENDADA POR MALÉN: Las mujeres mueven montañas, de Pepita Sándwich

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