#PalabrasDe: Tomás Litta 

#PalabrasDe nació como un espacio para promover a aquellos autorxs que impulsan una literatura con perspectiva de género. En esta nueva entrega, Tomás Litta publica un poema que forma parte de su primer libro: El pibe que era el fuego.

“Una historia de flash/amor entre dos chicos”. Así define Tomás Litta a El pibe que era el fuego, poema que forma parte de su primer libro, Fruto rojo (Santos Locos, 2019). Tomás tiene 22 años y nació en la Ciudad de Buenos Aires. Cursa la carrera de Letras en la UBA y participa activamente en espacios de debate literario y talleres de lectura y escritura.

Entre sus publicaciones también se destaca Al otro lado del río en la antología de cuentos Otra vuelta de letras (Eudeba, 2014). En 2016, recibió la primera mención de honor en narrativa por su participación con varios textos en la antología Poetas y narradores contemporáneos 2016 (De Los Cuatro Vientos, 2016).

Además, produce y coordina El Cuerpo Expresivo, un ciclo de poesía erótica que reúne a representantes de diversas disciplinas como la música, la literatura y las artes visuales. En esta nueva entrega de #PalabrasDe, publicamos un poema por el que recibió un reconocimiento del Centro Cultural Recoleta  (Todxs lxs chicxs, 2017) y nos hace pensar en la atracción y el deseo fugaz y punzante de cualquier historia de amor.

 

EL PIBE QUE ERA EL FUEGO 

De “Fruto Rojo” (Santos Locos, 2019)

El otro día viajé.
En el viaje zarpaba
a un campito donde había
tres pibitos pateando.
Me acercaba y uno de ellos
me miraba la mano donde tenía un porro
me miraba y me decía:
“yo soy el fuego”.
Entonces le daba una seca
y él era el fuego.

Con la pelota bajo el brazo aspiraba
mientras los otros dos
miraban de lejos
como esperando el regreso.
Después el pibe que era el fuego
le daba otra seca y juntos
-como si estuviéramos juntos de toda la vida-
nos mirábamos y fumábamos
él parado, como si estuviera de paso.

Después sin soltar el porro
tiraba la pelota al suelo
y se la pateaba a sus amigos
para que no esperasen más
y con sus ojos verdes me decía
“me quedaría fumando con vos pero tengo que volver a patear con los guachos”.
Después me ofrecía ir a jugar y yo
tímido me reía y contestaba
“ja no, no juego fútbol”.
Entonces el pibe que era fuego
me miraba y decía
“bueno cuando pases x acá y yo esté pateando
y vos fumando,
acordate de que yo soy el fuego”.
Después me daba un beso corto corto
casi sin lengua
y se iba agarrando el short con tierra.

Después yo seguía con mi viaje por el campito
mirando cada tanto para atrás
para ver al pibe que era el fuego
haciendo jueguito con la pelota
o quedando suspendido en el aire
agarrado del arco y dejando ver
su piel tostada y su ombligo.
Él ya no miraba para mi lado.
Él era el fuego.

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